ENERGÍA: ¿ un mercado
libre para todos?
Uno de los objetivos más ambiciosos y polémicos que
se plantean en Barcelona es dar un fuerte impulso a la liberalización
del sector energético, con el fin de crear un mercado único
en 2005 capaz de satisfacer el creciente consumo energético
en la UE.
La Unión Europea concentra sólo un 6% de la población
mundial, pero consume un 15% de la energía, y su dependencia
energética crece a pasos agigantados. La liberalización
total del sector permitiría aumentar la competencia empresarial.
La ruptura de los monopolios redundaría en rebajas de precios,
mayor calidad de los servicios y aseguraría a los consumidores
libertad de elección de proveedor. A este respecto, el presidente
de la Comisión Europea, Romano Prodi, afirmó dos días
antes de la Cumbre, que si los líderes de la UE confirman en
Barcelona el calendario para abrir el mercado energético a
los clientes empresariales, "ya será un gran paso".
En la práctica, es más que probable que los Quince
aprueben un calendario que afecte sólo a los grandes o cualificados
clientes (empresas e industrias, en general), el 60% del mercado,
aunque en teoría, tuvieran previsto poner fecha a la liberación
total del sector de la electricidad -uno de los sectores más
importantes de la economía europea- y del gas. Y es que,
pese a las ambiciosas pretensiones de la agenda, el Consejo Europeo
no ha tenido más remedio que rebajar las expectativas para
esta convocatoria, si quiere lograr un consenso que recobre el espíritu
de convertir la UE en la economía más dinámica
del mundo en 2010.
Las cumbres de Lisboa y Estocolmo reflejaron fuertes divergencias
en el seno de la Unión, aún sin disipar: frente a
la mayoría de Estados miembros, que han progresado debidamente
en la apertura de sus mercados energéticos e incluso, en
algunos casos, superado con creces los objetivos comunitarios, se
yergue el poderoso eje París-Berlín que frena el viento
liberalizador en Europa y la apertura de los mercados a los particulares,
apoyados sobre todo por Reino Unido, Italia y España. La
mayoría de los países teme que el desencuentro impida
lograr unas condiciones de competencia equitativas en el mercado
interior.
En la reunión de los ministros de Finanzas (Ecofin) celebrada
este mes en Bruselas, Francia se negó, tajantemente y de
antemano, a que en Barcelona se dé un paso que vaya más
allá de liberalizar el mercado eléctrico para los
grandes clientes. Mientras el canciller alemán Gerhard Schröder
pide "un equilibrio entre la liberalización de los mercados
y la responsabilidad social", París exige una mayor
preocupación social en la Unión, de forma que la liberalización
energética vaya acompañada de reformas fiscales y
sociales que beneficien a la ciudadanía. Mejor no esperar
a que hagan grandes concesiones de última hora en Barcelona,
ya que el contexto político de ambos países desaconseja
provocar desaires: Francia celebra elecciones presidenciales y legislativas
antes de acabar el verano, y Alemania ha convocado elecciones generales
para el otoño.
El voto francés -con el respaldo político de Berlín-
bloqueó hace un año en Estocolmo la propuesta mayoritaria
para que en 2005 la liberalización energética sea
total, implantando sólo un programa mínimo en ese
sentido. Dicho de otro modo, alcanzar un compromiso en Barcelona
implicará la liberalización para las empresas, pero
en ningún caso que los consumidores domésticos puedan
elegir en 2005 qué compañía les suministrará
el gas y la electricidad.
La vicepresidenta y comisaria de Transportes y Energía de
la Comisión Europea, Loyola de Palacio, se apresuró
a señalar que si no se llega a un acuerdo sobre la liberalización
del gas y de la electricidad, "no quedará más
remedio que actuar conforme a los tratados", bien en el Consejo
de Ministros de Energía, que se reúne el 5 de junio,
o antes del verano por parte de la CE.
La presidencia española pretende, por último, establecer
"un calendario cuantificado" para las interconexiones,
que permita trabajar sobre la propuesta de la CE de triplicarlas
entre la Península Ibérica y Francia, y evitar el
aislamiento energético de España en Europa, con sólo
un 3% de interconexión de redes. Además, intentará
fomentar el control del impacto energético en el medio ambiente
e impulsar el desarrollo de las energías renovables.
El problema español
Desde hace meses, el suministro de gas y electricidad no basta para
satisfacer la demanda de energía final, que el Ministerio
de Economía calcula que crecerá un 3,5% entre este
año y 2011 y cubrirá, en gran parte, el gas natural.
Las horas de corte del suministro eléctrico aumentaron en
2001 hasta 3,7 horas (o un 21,7%), frente a las 3,04 horas del ejercicio
2000. El escándalo de apagones veraniegos e invernales ha
puesto de manifiesto que la energía es una asignatura pendiente
en España y no un problema circunstancial debido a la climatología:
mal tiempo, tormentas de nieve, falta de recursos hidráulicos.
El problema reside en que los precios de mercado están excesivamente
regulados y no recogen los movimientos de la oferta y la demanda
en electricidad y gas, lo que desincentiva las inversiones.
Los consumidores alegan que los precios que pagan por una cobertura
escasa es igual o superior al que cobran los competidores europeos
por un suministro de mejor calidad. Las compañías,
sin embargo, exigen una subida de tarifas para incrementar la inversión,
y amenazan con más apagones en los próximos meses
si el Ejecutivo no las autoriza. Por otro lado, Repsol YPF y Gas
Natural denuncian la "menos clara y rápida" liberalización
del sector del gas con respecto al eléctrico.
Economía ha remitido al Congreso un documento definiendo
la política energética española. Los proyectos
de planificación y desarrollo mínimos de las redes
de transporte eléctrico y gasístico se cifran en 6.500
millones de euros, con una cifra máxima de inversión
de 10.000 millones.
El mapa final se cerrará cuando el Gobierno recabe las aportaciones
del sector, CCAA y la Comisión Nacional de la Energía
(CNE).
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