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Foro Económico Mundial


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Los líderes de los países más desarrollados abordan en Davos la pérdida de confianza como punta del iceberg. No sólo a nivel económico, después del chorreo de escándalos que salpicaron a las empresas estadounidenses hace un año. Ni a nivel de políticas nacionales, que cada vez inspiran más apatía a los ciudadanos. Ni desde un punto de vista geopolítico, donde una declaración de guerra supone un cálculo previo de niveles de producción y suministro de crudo.


A los focos de preocupación sin resolver o propios de 2003 (ralentización económica, posible guerra en Irak, continuas masacres en Oriente Próximo), se suman viejas heridas que aún rezuman (miseria, enfermedades, destrucción del entorno natural y corrupción). Éste es el orden del día:

1. DESAFÍOS CORPORATIVOS
El frenazo del crecimiento económico mundial ha ido aparejado de una colosal caída de los beneficios empresariales. La dirección de empresas y la toma de decisiones se complican mayormente con la escalada de tensiones políticas y sociales a nivel global. El mayor reto hoy en día es cómo asegurar el buen gobierno corporativo dentro de una empresa, tan necesario para recuperar la confianza de los inversores, hastiados de escándalos empresariales y falta de transparencia. Aumenta la presión en todos los ángulos: Los inversores son más críticos con los ejecutivos; éstos ven reducida su autonomía y exacerbada, la vigilancia; a los miembros del consejo les preocupa su responsabilidad personal, y a los reguladores, la puesta en marcha de nuevas reglas para evitar transgresiones futuras. En los mercados emergentes, ese deseable buen gobierno choca inexorablemente con la práctica habitual de la corrupción y falta de transparencia.

2. PERSPECTIVAS ECONÓMICAS MUNDIALES
Este año reina la incertidumbre económica mundial y planea la sombra de la deflación sobre las mayores potencias económicas. Si la coyuntura actual no deja lugar a mucho optimismo, la amenaza de una guerra en Irak oscurece cualquier vaticinio. El crecimiento de EEUU fue decepcionante en 2002, aunque muchos analistas confían en su progresiva recuperación. Tímido ha sido también el crecimiento en Europa, mientras Japón ha coqueteado con la recesión y los países emergentes han vuelto a contagiarse de las contraídas economías de los países industrializados. Han disminuido, asimismo, el comercio internacional y la inversión, por primera vez en veinte años.

3. UN GOBIERNO GLOBAL
La paulatina destrucción del medio ambiente, la amenaza letal del virus del SIDA y, sobre todo y por encima de todo, la pobreza son problemas cada día más urgentes. Aunque el porcentaje de personas que viven en la miseria ha disminuido del 29%, en 1990, al 23% en 1999, todavía hay 1.200 millones de personas que sobreviven con menos de 1 dólar al día. Además, otros cuarenta millones mueren de SIDA. Cada día, unas 15.000 personas se infectan de VIH y 8.000 pierden la vida. África sigue siendo el continente olvidado, el más expuesto a la epidemia y la miseria. Aparte del Banco Mundial, existen mecanismos de financiación como el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria permitirán el acceso a medicamentos que aún son demasiado caros para la mayoría de los enfermos de SIDA.

4. SEGURIDAD Y GEOPOLÍTICA
El terrorismo ocupa el centro del escenario de la política internacional, cuya naturaleza se está transformando plenamente. También tiene un fuerte impacto en las políticas nacionales, dado que los países buscan armonizar los criterios de seguridad pública con las libertades civiles y los intereses empresariales. Como demuestra la tensa situación entre Irak y EEUU, el temor a que estén proliferando las armas de destrucción masiva puede "mundializar" los conflictos regionales.

5. CONFIANZA Y VALORES
La lista interminable de escándalos contables destapados en 2002 ha contribuido a consolidar la confianza como un valor básico. Es difícil medir el efecto que ha tenido la pérdida de confianza en la economía, pero sí está demostrado que debilita las alianzas empresariales, aumenta el riego, conduce a un aumento de los tipos de interés y reduce el margen de los beneficios. El término, no obstante, ha trascendido a la escena política que produce cada vez más escepticismo en los ciudadanos. Asimismo, el desencanto acecha a la mayoría de valores contemporáneos, que no comparten los distintos países, y que deben basarse en el respeto y la tolerancia respecto de la diversidad.