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Pedro Solbes, comisario de Asuntos Económicos: "No puede haber una sola política monetaria cuando no hay una sola política económica"
Por Bernardo de Miguel. Fascículo 7º del coleccionable "El euro". Cinco Días y EL PAÍS
Para Pedro Solbes, la existencia del euro ha sido clave para amortiguar los efectos de la crisis mundial iniciada el 11 de septiembre 2001. Y no tiene dudas sobre el éxito inmediato y futuro de la introducción de la moneda única.
Pregunta. Comisario, ¿cree que corremos el riesgo de que la zona euro se convierta en 12 países con la misma moneda sin una unión real, una especie de europeización de España, Portugal, Finlandia...?
Respuesta. No falta quien considere que el euro es sólo la desaparición de la variabilidad de los tipos de cambio y, en consecuencia, el remate final del mercado único. Seguramente, en una aproximación puramente económica, esa opción prevalece. Pero no hay que olvidar que el euro implica, nada más y nada menos, que la decisión de poner en marcha una política monetaria única, compatible con políticas nacionales independientes pero, como muy bien dice el Tratado de la UE, coordinadas. Creo que en ese concepto de coordinación es donde se encuentran el margen o los posibles límites de la evolución de nuestra construcción europea. Personalmente, me parece difícil que la coordinación no se intensifique y así lo he venido defendiendo como comisario de Asuntos Económicos. Lo ideal, lo fundamental, será conseguir que cuando un Estado miembro adopte decisiones de política económica no tome sólo en consideración sus intereses nacionales sino también los intereses europeos. A algunos les gustaría ir más lejos y sacar la conclusión de que el euro conlleva elementos de federalismo adicional. No es una idea que a mí me repela, pero creo que no se va a conseguir por el simple hecho de la aplicación del euro, sino por decisiones políticas distintas del margen que hoy nos ofrece el Tratado.
P. Pero usted ha definido el euro como un claro mensaje político, símbolo de paz y estabilidad.
R. Y estoy absolutamente convencido de ello. Compartir la moneda añade, además, un elemento de identidad muy importante. A partir de que tengamos billetes y monedas funcionando, los europeos seremos un poco más europeos y estaremos más próximos unos de otros en muchos aspectos.
P. ¿Cómo encaja esa nueva identidad con el hecho, por ejemplo, de que los ciudadanos sigan pagando comisiones espeluznantes por las transferencias bancarias en euros o las diferencias de precios entre automóviles de un país a otro?
R. Dentro de una unión monetaria, sobre todo si corresponde a espacios físicos muy amplios, los costes de los productos y la productividad no tienen por qué ser iguales, como tampoco lo serán los salarios. En consecuencia, vamos a tener distintos precios, pero lo importante es que exista transparencia. El problema de las comisiones bancarias es distinto porque hasta ahora hemos trabajado con un concepto de un área de pago vinculado a un espacio nacional. Con el euro, tenemos que plantearnos si el viejo modelo sigue siendo válido. En nuestra opinión como Comisión, el área de pago debe ser ahora la Unión Europea y esa es la razón por la que hemos propuesto un reglamento para equiparar las comisiones en la UE. No es razonable que el cálculo del coste de la operación siga haciéndose a nivel nacional.
P. ¿Cuándo podrán las empresas disfrutar un auténtico espacio económico europeo, con movilidad de empleo, de planes de pensiones...?
R. En sociedades tan complejas como las de la Unión Europea, formada por unidades nacionales, hay que aceptar la existencia de diferencias. Lo que no hay que aceptar es la existencia de obstáculos. En consecuencia, tenemos que ir superándolos bien con tratamientos nacionales en cada país, bien con un tratamiento supranacional. Tenemos que seguir trabajando. No es fácil. Pero no olvidemos que el camino recorrido ha sido ya muy largo en los últimos años.
P. ¿Y cuáles son las reformas pendientes?
R. Hay muchísimas que urgen. Posiblemente en términos de concepto europeo, y en el marco de la introducción del euro, el elemento más urgente es la creación de un verdadero mercado financiero unificado. Pero incluso en otros aspectos, teóricamente más alejados de la introducción del euro, como los procesos de liberalización o la reforma del mercado laboral, el euro también tiene su incidencia, porque serán elementos claves desde el punto de vista de la competitividad de los países.
P. ¿Incrementará el euro el potencial de crecimiento de la zona ?
R. El euro es el comienzo de una nueva era. Nos va a dar certidumbre, transparencia en los precios y nos va a facilitar la vida. La posibilidad de comparar precios hará que todos los países tengan que conocer y aplicar las mejores prácticas existentes. Pero el aumento de nuestra capacidad de crecimiento tendrá que venir a través de las reformas estructurales que he mencionado, aunque el euro va a ayudar.
P. ¿La existencia de 12 mercados financieros merma el potencial del euro?
R. Qué duda cabe. Por eso digo que el mercado financiero más unificado es un caso claro de, digamos, costes adicionales que no tendrían por qué producirse. La emisión de deuda pública es un buen ejemplo. En teoría deberíamos tener un mercado de una liquidez, de una profundidad espectacular. Sin embargo, no es cierto, porque no existe un mercado unificado de deuda europea, sino 15 mercados de deudas públicas nacionales, de los cuales 12 están denominados en euros. Eso hace que el tipo de emisión, el tipo de negociación, el tipo de instrumento utilizado en cada caso sea o pueda ser distinto, incrementando los costes de financiación de la deuda, sobre todo en los países más pequeños. ¿Se puede pasar a una unificación total de la noche a la mañana? Evidentemente, exige mucho tiempo de trabajo, porque se trata de ver si somos capaces de ponernos de acuerdo para hacer emisiones en común, sustituyendo los procedimientos tradicionales que cada Estado miembro está utilizando en los Tesoros nacionales.
P. ¿Sería posible con el marco legal actual?
R. Sí porque estamos hablando de emisiones del Tesoro de deuda pública, no de instrumentos monetarios que, por supuesto, son responsabilidad del BCE.
P. ¿Nos ha protegido el euro del batacazo posterior al 11 de septiembre?
R. Sin duda alguna. En economía, la ciencia-ficción siempre es arriesgada. Pero podríamos pensar que hubiera sucedido si el euro no hubiera existido. El euro ha podido tener fluctuaciones, pero el comportamiento de la moneda única nos ha protegido a todos los países de la zona euro en términos de tipos de cambio. Y no cabe duda que la crisis del 11 de septiembre nos ha demostrado algo más. Y es la capacidad de reaccionar frente a una crisis como la que se produce ese día. Creo que en el futuro se destacará como la primera vez que la Unión Monetaria fue capaz de decisiones de inyección de liquidez y de rebajas de tipos en unos periodos de tiempo excepcionalmente cortos. Eso pone de relieve nuestra capacidad para reaccionar frente a un problema de una gran envergadura y, desde luego, no hubiéramos podido conseguir esos resultados con el sistema tradicional de intentar hablarnos, coordinarnos.
P. ¿El caparazón del euro necesita el Pacto de Estabilidad y Crecimiento? Hay quien parece querer gritar el pacto ha muerto, viva el nuevo pacto.
R. Los detractores del pacto lo acusan de ser un modelo rígido que sólo sirve para reducir el déficit en periodos de bonanza, pero no en caso de que se produzcan dificultades. Bueno... esas dificultades ya han llegado y pueden continuar en 2002. Nuestra responsabilidad como Comisión es aplicar las normas, que quiere decir que el déficit público sólo puede superar el 3% del PIB excepcionalmente en caso de crisis muy profundas. La lógica económica que respalda esta decisión es muy simple. Una política fiscal más expansiva nos llevaría a tipos de interés más altos con efectos negativos en crecimiento y empleo.
P. Volvamos a la moneda única. La Comisión ha creado un comité de seguimiento de los últimos días de la transición al euro. ¿Cuál es su función?
R. Sí, hemos creado una red de información. Se pretende que cada Estado miembro tenga un responsable que recoja la información sobre las incidencias que se vayan produciendo con la introducción del euro y las transmita a la Comisión para que llegue a los restantes Estados, que así podrán extraer las conclusiones pertinentes. Esta célula servirá también para informar al gran público y dar respuesta a los problemas que se pueden plantear. El Banco Central [Europeo] ya tiene otro comité de seguimiento, pero nuestra idea es un poco más ambiciosa. No sólo nos interesa el proceso de distribución de monedas y billetes, sino también la evolución de precios, si funcionan los cajeros automáticos, si hay problemas de abastecimiento en un lugar, problemas entre los consumidores, falsificación; en fin, todos los temas con incidencia pública y no sólo los técnicos. Pero nuestra unidad y la del Banco deben estar muy bien comunicadas para intentar disponer de la mejor información posible de todas las partes.
P. ¿Se trabaja siquiera sobre la hipótesis de un desastre natural o de un trágico acontecimiento similar al 11 de septiembre?
R. No, la hipótesis del 11 de septiembre bis no está prevista. Hay, digamos, una serie de decisiones tomadas que nos permiten hacer frente a riesgos logísticos no previstos pero que se pudieran producir. Por ejemplo, la producción de monedas y billetes es claramente superior a la necesaria. Existen posibilidades de trasvase de moneda y billetes entre países en caso de que sea necesario el apoyo por problemas de transporte o distribución. Esas cosas sí están previstas.
P. ¿Dónde pasará la nochevieja?
R. Posiblemente en Bruselas.
P. Y el 1 de enero, cuando la labor de ese comité concluya, ¿qué espera tomar, una copa de champán o un analgésico?
R. Yo estoy seguro de que hay que tomar una copa de champán, no me cabe la menor duda. Estoy convencido también que tendremos muchos pequeños percances. No es realista pensar que una operación logística de estas dimensiones no va a tener ninguno. En un día normal, uno se acerca a tres cajeros automáticos y a lo mejor uno de ellos no funciona o no tiene efectivo. Es muy posible que el día 1 también pase eso y no tiene nada que ver con el euro. Pensemos también que el movimiento de la moneda va a exigir el desplazamiento de unos 500.000 camiones... Bueno, pues que algún camión tenga dificultades entra en la ley de probabilidades como algo absolutamente normal. Todas estas vicisitudes se van a producir y no hay que darles más importancia de las que tienen.
P. ¿Ha pensado qué va a ser lo primero que va a comprar con euros?
R. Pues la verdad es que no. Pero así, lo primero que se le ocurriría a uno para pagar con euros es tomarse un buen café. Ese día no compro el periódico porque no hay edición. Incluso tomarse un café será relativamente difícil. En fin, creo que mi primera compra en euros será una barra de pan.
P. El 28 de febrero, adiós a 134 años de historia de la peseta. ¿Le apena?
R. Bueno, me da una pena relativa. No es una moneda ni que haya respondido a un largo periodo de nuestra historia, ni que tampoco se haya ganado, en mi opinión, un prestigio de solidez y de aportación al desarrollo económico del país. Fue una mejora, en su momento, respecto a periodos anteriores difíciles, pero creo que la apuesta por el euro en nuestro caso es una apuesta que no admite ninguna duda. Estará bien guardar algunas pesetas de recuerdo, pero nada más.

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